Son alrededor de las seis de la mañana, supongo, aún no sé la hora pero por la ausencia de claridad que hay, imagino que no puede ser más tarde. Me despierto… algo está ejerciendo una gran presión sobre mi ojo derecho. Abro el izquierdo, y veo a “mi niño”, e intento retirar la cabeza para que sus tareas de investigación no me provoquen ninguna lesión ocular… Sobre el intento de retirarme cuidadosamente, un fracaso, antes de darme cuenta, un tortazo cariñoso me termina de despertar. En ese momento, una voz interna me recuerda… “¡Ayssss, que ingenuo eres! Hay que ser más rápido!!!”… Lo miro con una amplia sonrisa, y él me la devuelve, pero ésta engloba, la boca, los ojos, todo su ser en sí. Esto hace que me olvide de las pequeñas pruebas de paciencia a las que me ha sometido. Entonces, me dispongo a levantarme, bajo los pies, me pongo las zapatillas, y me vuelvo para cogerle… “Que ven mis ojos!!! … se ha quedado dormido… o se lo hace?... seráaaaa!!!”
Después de una hora… en la que me he duchado, preparado su desayuno, vestido, recogida un poco la zona de juego (vamos, toda la casa&hellip
, restos de comida por aquí, objetos no identificados por allá, unas cuantas piedras ajenas a la casa… por no hablar de los sacos de tierra que recolecta cada día en el parque… Pensé que serían los bolsillos, pero la gran cantidad que trae me ha hecho pensar que utiliza otro tipo de almacenaje.
Lo levanto y nos dirigimos hacía la cocina. Tenemos quince minutos para desayunar y quince para vestir, de los cuales cinco son dedicados para la higiene. Caliento la papilla, en el brazo derecho llevo al niño, y con el izquierdo la papilla. Doy dos pasos equilibrando el plato, cuando “mi niño”, decide que tiene que bajar al suelo urgentemente!!!, Tiembla el plato, y tiembla mi columna vertebral al hacer una torsión que ni a los 15 años hacía, para dejarlo suavemente en el suelo… Al final, han sido veinte centilitros los que se han suicidado… Voy a dejar el plato a la mesa, y le pido a “mi niño”, “que no toque la papilla del suelo…”, Mi niño me mira, le miro con cara de enorme satisfacción, al comprobar que está parado y sin intención de ir, y si antes una voz me recordaba… que ingenuo eres, ahora me llama gilipollas directamente! voy a buscar una bayeta a la cocina y vuelvo, podría haber tardado, tres segundos… Pues sí, suficientes para él, los veinte centilitros de papilla ahora son huellas de un pie del número veinte… No hay tiempo que perder, ya se limpiará en otro momento, le quedan 10 minutos para que coma. Lo siento en la trona, y empieza a comer… si hay comida no hay problemas…
Diez minutos más tarde, lo cojo y vamos al lavabo, con lo que le gusta el agua!!! En fin, ambos sabemos que llega un momento conflictivo, yo le he de lavar la cara y peinarlo, y él no quiere ni agua, ni peine, ni mucho menos que le remoje a mi antojo. Consigo mojarle la cara, y automáticamente restriega su cara mojada con algún pequeño resto del desayuno por mi camiseta, en el hombro exactamente, en esos sitios que te das cuenta de que está sucio demasiado tarde… cuando llegas al trabajo y un compañero (ese listillo que siempre padecemos) te avisa… y tu te excusas diciendo, ha sido “mi niño”… aunque te queda el intríngulis de que más de uno no te crea y piense que en realidad eres un poco guarro… Es más, uno se queda con esa sensación… todo el día.
Vamos al comedor para vestirle, “mi niño” está tranquilamente mirando el cielo, lo cojo por detrás, y me dispongo a sentarlo en mi regazo cuando, en un movimiento de resistencia, me da un cabezazo con el cogote en la nariz… yo me quejo y él me mira como si no tuviera nada que ver con lo sucedido. Se ha dejado vestir con bastante facilidad, así que salimos en dirección a la guardería…
Salimos de la portería, y empieza a correr en sentido contrario a la guardería… con algún contratiempo, llegamos a destino, el se queda contentísimo, y yo, tras lo que parece una jornada larguísima, me dirijo al trabajo, algo cansado, y con mi mancha en el hombro, dolor en la nariz, y alguna magulladura que no soy capaz de asociar ningún suceso… pero con la sensación de que está siendo uno de los días más maravillosos de mi vida.
Gracias mi niño...
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